Vividas Quimeras, by Ludwig
Kurby, así solían llamarme los mortales, cuándo aún me recordaban, me describían cómo el gran Dragón, blanco cómo las nubes, sus ojos rojos penetraban a la más fuerte de las almas, decían que los encantaba para que no tuvieran miedo y los abandonaba cuándo más me necesitaban, esa parte es mentira, jamás abandoné a nadie, quiezas ellos no podían seguir mi ritmo, tenía ya 400 años viviendo en esta cueva húmeda y oscura custodiando la perla del conocimiento, dicen que si la ves directamente podrías ver tu futuro, no se, jamás la mire demasiado, quizás por miedo a decepcionarme o a quedar cegado por el poder y perder mi camino, la leyenda cuenta que es una lágrima de la diosa Luna que dejó escapar al ver la maldad de los humanos.
Así que en su honor, todas las noches de Luna Nueva salía de mi cueva a mostrarle que ella seguía a salvo bajo mi custodia.Una noche me llamó la atención una gran luz que invadía mi cueva, no es luna llena, conozco las faces cómo mis propias garras pensé, salí, intrigado y curioso y la vi, surcaba los cielos cómo un gran cometa, la noche más oscura del año se convirtió en un espectáculo de fuegos, sus alas y cola envueltas en llamas dibujaban círculos en el firmamento... Era Akaléa, el Fénix más hermoso que jamás existió, hasta esa noche ella no era mas que un mito, una historia ancestral que contaba que recorría la tierra ayudando a los seres vivos más necesitados iluminandolos para que encuentren su camino.
La vi porque perdí mi rumbo? Porque estaba destinado a verla? Jamás lo sabré. Lo que si se es que fue la primer noche sin luna en la que salí de la cueva.
No se cómo fue, ni cuánto tiempo pasó pero nuestras miradas se cruzaron y sentimos que teníamos que conocernos, a mi no me importó la perla, la Luna, mi cueva ni los humanos y ella olvidó por un momento que debía seguir su camino para ayudar a los demás, cruzamos el cielo entrelazados, yo disfrutaba de mi ser y ella brillaba para sí misma, dos seres fantásticos, únicos en su clase tan iguales en esencia y distintos al mismo tiempo que ni el más grande de los soñadores podría saberlos juntos.
Cuándo el sol asomó, ella se despidió y siguió su camino, debe cumplir con su deber, y yo volví a mi cueva, ahora más fría y húmeda que antes, no había notado lo chica que era, pero eso no importó porque ahora se que puedo salir cuándo yo quiera, que el mundo no se acabará si salgo a estirar mis viejas alas.
Ahora, vivo mi mundo de responsabilidades con una sonrrisa y de ves en cuándo, cuando el mundo no está mirando, nos escapamos y disfrutamos uno del otro y de la noche, dónde ella puede brillar para sí misma y yo puedo ser quien soy, un viejo dragón duro por fuera y blando por dentro.

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